martes, 26 de enero de 2010

Malditos ochomiles

Hay momentos en la vida en los que uno descubre su pasión. Algunos lo hacen desde pequeños y otros tardan toda la vida en encontrarla.

Pero cuando eso ocurre uno se entrega totalmente a ella, y eso es lo que hacen muchos de los montañeros que se dedican a 'atacar' las cumbres más altas del planeta.

Uno de ellos era Iñaki Ochoa de Olza, un 'himalayista' nacido en Pamplona en 1967 y que desde los 11 años descubrió su pasión por las montañas.
Comenzó de la mano de su padre quien fue el encargado de 'meterle el gusanillo' de ascender a la cimas más altas y así en 1978 alcanzó el Lakartxela de 1.985 metros.
No obstante, cuando a los 22 años, intentó y logró, la ascensión a su primer 8.000, el Kangchenjunga, fue cuando realmente su vida cambio y decidió dejar la carrera de filosofía porque lo suyo realmente era la vida de la montaña.
Se puede decir que cambio el estudio en las aulas de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje para comprenderlos 'in situ' y en las cimas más altas del mundo.
Iñaki pasó a la historia del montañismo español a pesar de que el mismo decía que no era su intención que "bastante tenía con que el montañismo formase parte de su historia personal" y no al revés.
Pero es que el pamplonica, cada vez que podía se ponía algún nuevo reto, y así lo hizo en 2006 cuando realizó una nueva vía al Shisha Pangma.
"Lo del Shisha Pangma 2006 lo tenía estudiadísimo, pero fue sólo el último recurso, lo de subir así apretando a tope. Había mirado miles de fotos del Shisha, leído todo lo leíble, y era mi cuarto viaje a la montaña. Además ya había subido a una de sus tres cimas, la central, de 8.008 metros, en 1995", comentaba el propio Iñaki en el foro (http://www.sistemacentral.net/) en el que él participaba.
Iñaki Ochoa era un purista de la escalada que reconocía que si por el fuese subiría sólo con lo puesto. Se definía como un radical en muchos aspectos incluido el tema del oxígeno que para el era como "jugar con ventaja" y decía que su único dopaje era "el colacao con magdalenas".
Sin embargo, también reconocía que algún tipo de tecnología era necesaria, pero que había que elaborar un equilibrio. Según sus propias palabras, "Shackleton y Amundsen tenían mapa y sextante y tenían que buscar un lugar desde el que mandar un telegrama para que fuese considerada su hazaña", así que hasta ellos usaba tecnología.
Sobre el teléfono móvil también debatió en numerosas ocasiones, en las expediciones fue sustituto del 'walkie', pero como también el propio Iñaki, relató alguna vez que "en el Himalaya no hay rescates, así que como no lo uses para despedirte..."
Vivió grandes momentos en las cumbres y también algunos no tan buenos, siempre dispuesto a entregar su vida por la de otros y participando en numerosas expediciones en las cuales a pesar de no encumbrar el se sentía siempre satisfecho.
En palabras de Iñaki, sobre las montañas, "no son peligrosas". "La vida la vamos a perder sí o sí, pero las cosas que hacemos los hombres son peores que las montañas", defendía el pamplones quien consideraba que en las expediciones podía ser "realmente libre".
"Sólo tenemos una ventaja respecto a las montañas; nosotros tenemos piernas y ellas no. Ellas son mucho más fuertes, nos pueden borrar de un soplido. Pero nosotros podemos ir y volver, mientras ellas se quedan en el sitio. Yo fui al K2 cuatro veces hasta que subí, y él estaba cabreado, muy enfadado, pero condenado a no moverse un palmo. Así que cuando se decuidó, zas, ya me tenía en su chepa...", explicaba en sus comentarios en el foro.
Ochoa siempre estaba preocupado por utilizar las montañas como pasión y no como hito o reto para pasar la historia, y el mismo reconocía que su ochomil "menos valioso" era el Everest porque lo subió como guía y cámara comercial.

Una de las frases que solía repetir el montañero pamplones era que "el que no se arriesga, no vive" y es que para Iñaki, el riesgo con sentido, sopesado, madurado, le hacía ser quien era.
Sin embargo, en su último gran viaje en una expedición que siempre tenía en mente, alcanzar la cima del Annapurna, se dejó la vida. Aquel 23 de mayo de 2008, Iñaki no volvería. Tras cinco noches a más de 7.400 metros de altura y afectado por una grave lesión cerebral complicada en las últimas horas por un edema pulmonar, Iñaki Ochoa de Olza dejó su vida a merced de la montaña.
Pero aún en sus últimos momentos junto a sus tan amadas montañas, Iñaki hizo historia al congregar a un grupo de 15 de los mejores montañeros del mundo, dispuestos a arriesgar sus propias vidas por salvar a un compañero, al que hasta los sherpas consideraban un amigo.
Yo no lo conocí, ni viví sus aventuras, hace realmente poco que sé de su historia y sus hazañas y sin embargo, lo que sí puedo decir es estés donde estés, Iñaki, GRACIAS.
Fotos: Iñaki Ochoa de Olza

1 comentario:

  1. Muy bueno Marcos. Con esto demuestras que no simpre los más conocidos son los más grandes.
    Larraza nos dio a conocer a un verdadero "galáctico" y tú lo has plasmado muy bien.

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