No sé si alguien más la sintió en el Carlos Tartiere durante el encuentro entre el Real Oviedo y el Tenerife, pero para mí un cierto aire de espejo en el que mirarse deportivamente es lo que transmitía el conjunto canario.
Los de Cervera no hicieron un buen partido, no fueron superiores, pero ganaron el partido con destellos. Dos chispazos de equipo campeón, de líder sólido y de inercia ganadora y eso es a lo que yo le tengo envidia. En muchas ocasiones he comentado que me gustaría que el Oviedo transmitiese seguridad y solvencia en sus encuentros, algo que hasta ahora apenas he visto.
Cierto es que al Oviedo nadie se lo pone fácil y que tiene que sufrir en todos los partidos para sacarlos adelante, pero el Tenerife, por ejemplo, no transmite sensación de sufrir. Transmite otras sensaciones, al menos a mí, y como son percibidas subjetivamente, vosotros podréis tener las vuestras.
La derrota del Real Oviedo hay que leerla de forma positiva o al menos esforzarse en hacerlo así, porque quedan cuatro partidos y hay que asegurarse un playoff largo o corto pero que hasta el final sea posible. Porque seguimos creyendo.
El Real Oviedo tiene en el Tartiere un fortín que si no se cometen errores extraños debería ser seguro para el playoff. El talón de Aquiles está siendo salir de Asturias, eso lo tendrá que hacer el equipo de Granero en la fase de ascenso, dónde marcar será muy importante. Fuera de casa el conjunto azul ha marcado en todas las salidas a excepción de tres, un empate a cero goles en Ourense, derrota en Leganés y empate también a cero en Guijuelo, sinónimo de que el Oviedo puede perforar metas rivales lejos de Asturias.
Alguno pensará que yo ya me centro en playoff antes de tiempo, pero es que es el consuelo que me queda. El primer puesto está imposible y pensar en llegar con garantías a la ansiada fase de ascenso es lo que toca, el jugador número doce del Carlos Tartiere hará el resto.
Seguimos creyendo, #esteañosí.
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